Capítulo 4
Conforme iba subiendo las escaleras mi intriga aumentaba. Pianissimo.
Extraño nombre para un sitio de reunión, pero después de todo en Stevanovna
cada cosa poseía un encanto armónico, simplemente no podías ignorar la belleza
de la ciudad.
Cuando llegué a la salita, me recordó a un lugar descrito en un libro que
leí cuando era muy joven sobre un príncipe y su amiga, que se reunían en un
lugar secreto y se dejaban mensajes cifrados para saber dónde reunirse la
próxima vez. Creo que así lo habría imaginado.
Había un piano vertical en el fondo, cerca de unos sofás. Sólo servían
cafés y algunas golosinas, pedí un cappuccino de chocolate staccato. Cuando me
lo sirvieron estaba decorado con pequeñas figuras de notas musicales que se
perdían dentro de mi vaso conforme le daba vueltas. Había libros en las mesas,
pero cuando abrí uno noté que sólo había particellas dentro.
- Hola Adelina, hace tiempo no te veía por aquí.
Un joven más o menos de mi estatura, de rizos oscuros y sonriente, pero
reservado se había acercado a nuestra mesa.
-Hola Charles…Pues sí, no he tenido mucha inspiración últimamente.
- ¿Es por lo del concierto de fin de mes? No te preocupes más por eso, ya
tendrás otras oportunidades.
- Después hablaremos de eso, primero quiero presentarte a alguien que
seguramente ya has visto. Aunque es posible que la recuerdes más pálida y
desmayada ¡hahaha!
- ¿De qué hablas?- dirigió su mirada hacia mí. Creo que no se había
percatado de mi presencia. En sus ojos apareció una chispa de reconocimiento.
-Soy Adalira, ¿fuiste tú quién me ayudó el otro día? Quería agradecértelo.
–añadí con una sonrisa, algo avergonzada. Me pareció una persona muy
interesante, tenía una camisa azul de cuadros con una bufanda alrededor de su
cuello y vestía unos jeans. También lucía unos zapatos marrones que le daban
una apariencia muy clásica.
- Mucho gusto Adalira, me llamo Charles. Es verdad, la última vez que te vi
lucías un poco más blanca. ¿Cómo te encuentras?
-Mejor, no termino de acostumbrarme a la ciudad, después de todo solo llevo
cuatro días aquí pero me ha impresionado mucho lo que he visto. Stevanovna
tiene una energía totalmente atrayente.
-Sí, es un lindo lugar, incluso en el edificio de los MMD te tratan
bastante bien. Afortunadamente podré venir a vivir más cerca de aquí, de
Pianissimo.
-Sobre eso…Adelina, ¿qué es exactamente este lugar?
Charles tomó asiento frente a nosotras. Adelina me miró pensativa como
tratando de elaborar en su cabeza una explicación que describiera la genialidad
del lugar en el que estábamos, o más bien, de sus visitantes.
-Este lugar es una ruta de escape, al menos para mí. Es un ambiente genial
para darle rienda suelta a tu imaginación. El café es un sitio al que puedes llegar
y pasar un rato agradable, sea que quieras componer o solamente escuchar obras
compuestas por algún otro músico de la ciudad.
-Suena bien, pero no conozco a muchos otros músicos de la ciudad.
-Por eso ni te preocupes, anímate a hablar con quien quieras, la gente por
acá es muy amable y agradable – agregó Charles.
La verdad es que siempre he sido algo tímida, la idea de llegar y hablar
con personas, en especial músicos me ponía nerviosa. Seguro que eran sumamente
talentosos y yo no tenía nada nuevo que ofrecer. Sin embargo, tenía todo el
tiempo del mundo para mejorar, ¿no es así? Para alguien que ya no pertenece al
mundo como lo conocemos, una persona muerta como yo, no hay mucho que perder,
al contrario, cada día es ganancia.
Mientras me encontraba sumida en mis pensamientos se acercó hasta nosotros
un hombre mayor, de apariencia moderna.
-Bienvenida- dijo, dirigiéndose hacia mí.- ¿Eres nueva por aquí, cierto?
-Así es. Mi nombre es Adalira.
-Mucho gusto, yo soy Franz. Vaya, hace tiempo no veía una pianista nueva
aquí en Pianissimo. Pues me alegro que te hayas decidido a venir. Adelina suele
venir con otros pianistas, pero ya ellos tiene mucho tiempo por acá, siempre es
agradable conocer músicos nuevos y talentosos.
Era una pregunta que me había estado dando vueltas a la cabeza desde que
llegué, ¿cómo rayos saben que soy pianista con solo verme si no tenía ninguna
señal visible de tal cosa?
-Lo sé, a todos cuando llegamos a la ciudad nos sorprende que identifiquen
qué instrumento es nuestro predilecto - dijo, respondiendo a mis pensamientos-
Lo que pasa es que algunos después de muchísimo tiempo aquí en Stevanovna comenzamos
a adquirir una facultad llamada sinestesia.
Reconocí la palabra, es una facultad poco común que poseen solamente
algunas personas en la vida normal, es decir, en el mundo anterior. Sucede
cuando puedes observar colores mientras escuchas música, o también se da que
los colores son “traducidos” a música. Un sinestésico puede ver sonidos, por
increíble que lo parezca. Puede incluso tener sensaciones gustativas al tocar
algún objeto en especial. Nunca había conocido a alguien con sinestesia.
-Vaya, no tenía idea, llevaba preguntándomelo hace rato. Eso lo explica.-
aunque en realidad no tenía muy claro qué tenía que ver eso con el hecho de ser
pianista, flautista, cellista o lo que fuera.
Respondiendo nuevamente a mis pensamientos, Franz me explicó que cada
músico en Stevanovna despide un color específico, con cierto brillo dependiendo
de la personalidad de cada individuo. Me pareció un detalle poético. Observando
a donde quiera que vayas en esta ciudad olvidada verás colores, saborearás la
música. Hasta sentí algo de envidia por tan increíble experiencia. Sin embargo,
se hacía tarde y decidí que pronto me iría de Pianissimo.
Franz. Me sonaba familiar por alguna razón, lo había visto tal vez en algún libro, pero ¿qué clase de libro? Tal vez en uno de mis tomos de historia de la música, parte de las enciclopedias que mi padre había insistido en comprarme. Eleonora había hecho un comentario peculiar
sobre Chopin, pero seguramente sólo bromeaba.
-Antes de que te vayas Adalira, ¿te gustaría escuchar una de mis
composiciones favoritas?
Accedí gustosa.
Comenzaron a sonar las teclas en el piano vertical que estaba por los sofás que vi cuando entré. Notas muy
agudas, un danzar de los dedos en las teclas, dedos entrelazados con un mar
negro y blanco, en un diálogo infinito. Emoción de repente. Allegretto. Intriga.
Nuevamente la melodía inicial, forte, forte. Ritardando. Dedos jugando, manos saltando
de arriba para abajo en las octavas. Ostinato. Un mar indescriptible de
sensaciones pasaban a través de mí. Accelerando. Confusión. ¿Es quién creo que
es? Debe ser una coincidencia, un malentendido. Ya no podía observar sus dedos,
que se movían a gran velocidad. Final.
Indudablemente era Franz Liszt.
¡Está genial la historia! ¿Cuándo publicarás mas?
ResponderEliminarMuchas gracias! En este momento estoy escribiendo el quinto capítulo, pero creo que aún tardaré un poco más debido a mis exámenes, apenas esté listo lo estaré subiendo, gracias por el apoyo!
EliminarHola!! me gustó bastante... Que chiva que escriba tan bonito. También estoy esperando el próximo capítulo :D
ResponderEliminar