viernes, 31 de mayo de 2013

Capítulo 4



Capítulo 4

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Conforme iba subiendo las escaleras mi intriga aumentaba. Pianissimo. Extraño nombre para un sitio de reunión, pero después de todo en Stevanovna cada cosa poseía un encanto armónico, simplemente no podías ignorar la belleza de la ciudad. 

Cuando llegué a la salita, me recordó a un lugar descrito en un libro que leí cuando era muy joven sobre un príncipe y su amiga, que se reunían en un lugar secreto y se dejaban mensajes cifrados para saber dónde reunirse la próxima vez. Creo que así lo habría imaginado.  

Había un piano vertical en el fondo, cerca de unos sofás. Sólo servían cafés y algunas golosinas, pedí un cappuccino de chocolate staccato. Cuando me lo sirvieron estaba decorado con pequeñas figuras de notas musicales que se perdían dentro de mi vaso conforme le daba vueltas. Había libros en las mesas, pero cuando abrí uno noté que sólo había particellas dentro.

- Hola Adelina, hace tiempo no te veía por aquí.

Un joven más o menos de mi estatura, de rizos oscuros y sonriente, pero reservado se había acercado a nuestra mesa. 

-Hola Charles…Pues sí, no he tenido mucha inspiración últimamente.

- ¿Es por lo del concierto de fin de mes? No te preocupes más por eso, ya tendrás otras oportunidades.

- Después hablaremos de eso, primero quiero presentarte a alguien que seguramente ya has visto. Aunque es posible que la recuerdes más pálida y desmayada ¡hahaha!

- ¿De qué hablas?- dirigió su mirada hacia mí. Creo que no se había percatado de mi presencia. En sus ojos apareció una chispa de reconocimiento.

-Soy Adalira, ¿fuiste tú quién me ayudó el otro día? Quería agradecértelo. –añadí con una sonrisa, algo avergonzada. Me pareció una persona muy interesante, tenía una camisa azul de cuadros con una bufanda alrededor de su cuello y vestía unos jeans. También lucía unos zapatos marrones que le daban una apariencia muy clásica. 

- Mucho gusto Adalira, me llamo Charles. Es verdad, la última vez que te vi lucías un poco más blanca. ¿Cómo te encuentras?

-Mejor, no termino de acostumbrarme a la ciudad, después de todo solo llevo cuatro días aquí pero me ha impresionado mucho lo que he visto. Stevanovna tiene una energía totalmente atrayente. 

-Sí, es un lindo lugar, incluso en el edificio de los MMD te tratan bastante bien. Afortunadamente podré venir a vivir más cerca de aquí, de Pianissimo.

-Sobre eso…Adelina, ¿qué es exactamente este lugar?

Charles tomó asiento frente a nosotras. Adelina me miró pensativa como tratando de elaborar en su cabeza una explicación que describiera la genialidad del lugar en el que estábamos, o más bien, de sus visitantes. 

-Este lugar es una ruta de escape, al menos para mí. Es un ambiente genial para darle rienda suelta a tu imaginación. El café es un sitio al que puedes llegar y pasar un rato agradable, sea que quieras componer o solamente escuchar obras compuestas por algún otro músico de la ciudad.

-Suena bien, pero no conozco a muchos otros músicos de la ciudad. 

-Por eso ni te preocupes, anímate a hablar con quien quieras, la gente por acá es muy amable y agradable – agregó Charles. 

La verdad es que siempre he sido algo tímida, la idea de llegar y hablar con personas, en especial músicos me ponía nerviosa. Seguro que eran sumamente talentosos y yo no tenía nada nuevo que ofrecer. Sin embargo, tenía todo el tiempo del mundo para mejorar, ¿no es así? Para alguien que ya no pertenece al mundo como lo conocemos, una persona muerta como yo, no hay mucho que perder, al contrario, cada día es ganancia.  

Mientras me encontraba sumida en mis pensamientos se acercó hasta nosotros un hombre mayor, de apariencia moderna.

-Bienvenida- dijo, dirigiéndose hacia mí.- ¿Eres nueva por aquí, cierto?

-Así es. Mi nombre es Adalira.

-Mucho gusto, yo soy Franz. Vaya, hace tiempo no veía una pianista nueva aquí en Pianissimo. Pues me alegro que te hayas decidido a venir. Adelina suele venir con otros pianistas, pero ya ellos tiene mucho tiempo por acá, siempre es agradable conocer músicos nuevos y talentosos.

Era una pregunta que me había estado dando vueltas a la cabeza desde que llegué, ¿cómo rayos saben que soy pianista con solo verme si no tenía ninguna señal visible de tal cosa?

-Lo sé, a todos cuando llegamos a la ciudad nos sorprende que identifiquen qué instrumento es nuestro predilecto - dijo, respondiendo a mis pensamientos- Lo que pasa es que algunos después de muchísimo tiempo aquí en Stevanovna comenzamos a adquirir una facultad llamada sinestesia. 

Reconocí la palabra, es una facultad poco común que poseen solamente algunas personas en la vida normal, es decir, en el mundo anterior. Sucede cuando puedes observar colores mientras escuchas música, o también se da que los colores son “traducidos” a música. Un sinestésico puede ver sonidos, por increíble que lo parezca. Puede incluso tener sensaciones gustativas al tocar algún objeto en especial. Nunca había conocido a alguien con sinestesia. 

-Vaya, no tenía idea, llevaba preguntándomelo hace rato. Eso lo explica.- aunque en realidad no tenía muy claro qué tenía que ver eso con el hecho de ser pianista, flautista, cellista o lo que fuera. 

Respondiendo nuevamente a mis pensamientos, Franz me explicó que cada músico en Stevanovna despide un color específico, con cierto brillo dependiendo de la personalidad de cada individuo. Me pareció un detalle poético. Observando a donde quiera que vayas en esta ciudad olvidada verás colores, saborearás la música. Hasta sentí algo de envidia por tan increíble experiencia. Sin embargo, se hacía tarde y decidí que pronto me iría de Pianissimo. 

Franz. Me sonaba familiar por alguna razón, lo había visto tal vez en algún libro, pero ¿qué clase de libro? Tal vez en uno de mis tomos de historia de la música, parte de las enciclopedias que mi padre había insistido en comprarme. Eleonora había hecho un comentario peculiar sobre Chopin, pero seguramente sólo bromeaba.

-Antes de que te vayas Adalira, ¿te gustaría escuchar una de mis composiciones favoritas?

Accedí gustosa.

Comenzaron a sonar las teclas en el piano vertical que estaba por los sofás que vi cuando entré. Notas muy agudas, un danzar de los dedos en las teclas, dedos entrelazados con un mar negro y blanco, en un diálogo infinito. Emoción de repente. Allegretto. Intriga. Nuevamente la melodía inicial, forte, forte. Ritardando. Dedos jugando, manos saltando de arriba para abajo en las octavas. Ostinato. Un mar indescriptible de sensaciones pasaban a través de mí. Accelerando. Confusión. ¿Es quién creo que es? Debe ser una coincidencia, un malentendido. Ya no podía observar sus dedos, que se movían a gran velocidad. Final. 

Indudablemente era Franz Liszt. 


lunes, 27 de mayo de 2013

Capítulo 3



Mientras leen:

 
Capítulo 3 

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Cuando desperté, el suelo de mi habitación estaba cubierto de papel. 

Un paréntesis. Sé que me la he pasado durmiendo gran parte de la historia, pero a mi favor, debo decir que fue la parte más desgastante de llegar a Stevanovna, de hecho, no es un lugar donde alguna vez realmente te acostumbres a estar. 

No me molesté en recoger las hojas. Me duché y encontré un hermoso vestido azul cielo en un armario, me lo puse sin más. Ya no intentaba encontrarle explicaciones a lo que ahora sería mi hogar, al menos por tiempo indefinido. 

Salí decididamente, me dirigí hacia el ascensor y como si pudiera leer mi mente, me llevó hacia la recepción del edificio. Decidí que esta vez haría las cosas bien, tal vez así podría recuperarlo. No lo había olvidado ni por un solo instante. No. De ningún modo lo olvidaría.

Caminé tranquilamente por la recepción que me pareció más grande que la primera vez que había entrado por la gran puerta con el letrero de MMD, tal vez  porque sentía que cada paso que daba era decisivo, me concentré en mover un pie delante del otro. Intenté mantener oculta la ansiedad que sentía. Pude ver entonces una puerta blanca, la cual no combinaba con el resto de la decoración, no sé cómo no la noté antes. Ya era hora de encontrarme con Eleonora. Sentí cómo mis manos se iban tornando frías y sudorosas.

No necesité llamar a la puerta, se abrió una vez que estuve lo suficientemente cerca.

- Pasa, querida. – dijo Eleonora, quien por alguna razón me estaba esperando.

- Buenos días señora – contesté tímidamente.

- Supongo que has venido por explicaciones, ¿no es así?

Me sorprendió que fuera directamente al grano, no sabía qué decir. Solo pensé en mi piano y dejé las palabras salir.

-En realidad, en este momento sólo quiero saber cómo recuperar algo sumamente valioso para mí.

Observé su oficina, no tenía un escritorio. A decir verdad, no era una oficina convencional, tenía 3 sofás grandes de cuero, negros y bastante cómodos debo decir. Una mesita en el centro, de vidrio. Todo tenía un aspecto sumamente sofisticado. Por alguna razón estaba más que intimidada por Eleonora en ese momento, me sentí fuera de lugar y tenía la urgencia de irme.

- Ya veo, pero primero necesitarás purificar los restos del mundo anterior que hay en ti, querida. No pensé que desde el primer día fueras a sufrir un desmayo gracias a nuestro querido Frèdèric Chopin. Aunque debo decir que es una persona bastante agradable si lo llegas a conocer bien. En fin, puedo darte tu piano hoy mismo, y cuando vuelvas a tu apartamento seguramente estará ahí esperándote. Pero primero debemos establecer algunas condiciones.

- ¿Qué clase de condiciones?

-Stevanovna no es cualquier ciudad para músicos muertos Adalira, debes comprenderlo. Es necesario que te adaptes rápidamente al ritmo de vida de esta ciudad si no quieres desfallecer en el intento. Primera condición, debes componer al menos una pieza al día.

-Pero… ¿qué pasa si no puedo dar la talla?

-Creo que eso no será ningún problema  para ti, mi sensor me ha indicado gran actividad proveniente de tu piso la noche anterior, más actividad que la que se había percibido en meses. Los sensores son instrumentos creados con partes de incomparables armonías, son forjados en los talleres y déjame decirte que son bastante exactos. Por eso te devuelvo el piano, aunque creo que será un problema para ti alcanzar el equilibrio entre el síndrome de Chopin y la muerte musical. 

- ¿Muerte musical? – un escalofrío recorrió mi cuerpo - Eh… no entiendo bien a qué se refiere señora. 

- Llámame Eleonora querida, estás en confianza. – me dirigió una cálida sonrisa. En ese momento estaba demasiado confundida como para leer alguna intención escondida bajo esas palabras, me encontraba demasiado feliz. No pensé que fuese tan fácil recuperar mi piano. Ya me había hecho a la idea de asistir a estúpidas terapias para músicos desafinados, pero al parecer mi historia no iba por esa línea. 

- Bueno… ¿Cuál es la segunda condición? Además… ¿Cuántas condiciones son?

En ese momento sonó algo que parecía un teléfono, pero cuando lo vi me percaté de que era un pequeño tamborcito. Al parecer era algo importante porque enseguida se levantó y fue a ver qué era lo que había en el tambor, creo que era una especie de código, se oyeron 4 golpes.

-Retírate Adalira, seguiremos hablando cuando sea el momento. 

-Pero señora…digo, Eleonora, ¿qué pasa con…

-Adiós, Adalira.

Me levanté del sofá y me dirigí a la puerta y cuando estaba a punto de protestar una vez más, me tiró la puerta en la cara.

Comencé a caminar cada vez más rápido, me dirigí hacia el ascensor, a la habitación 177, a mi querido apartamento, mi querido piano. Exquisito. Esperándome. No cabía en mí de la emoción que sentía. Creo que no estuve más ilusionada alguna vez en mi vida.

-Adalira, mira lo que te compré.

Por un momento mi mente se nubló y la habitación desapareció ante mis ojos. 

10 años atrás, yo tendría 9 años. Mi familia me había llevado de viaje a la finca de mis abuelos, un bonito lugar en medio de la montaña donde podía jugar a ser cualquier cosa. Ese día jugaba a salvar a todos mis amigos, imaginarios por supuesto. Tiraba flechas prendidas con fuego a mi enemigo que se acercaba presuntuosamente con una mirada llena de odio. Tiré la flecha decisiva: justo en medio de la frente. Enseguida se esfumó con un grito de dolor. “¡Me vengaré!”, se escuchó detrás de la nube de su derrota. Había salvado a todos mis amigos, lo había hecho de nuevo. Estaba lista para mi nueva aventura, ¿qué sería esta vez? Tal vez sería navegante, o intentaría surcar los cielos volando, con mis propias alas o si no, las construiría yo misma. 

De repente escuché esa voz. Mis ojos se llenaron de sorpresa cuando lo vi.

-¡Estás aquí!

-Adalira, mira lo que te compré.

No lo había olvidado, era mi cumpleaños. Ya me había resignado a pasar el día lejos de él, no podríamos jugar juntos, como habíamos hecho desde que nos conocimos casi todos los días, semanas, meses, años. ¿Pero cómo había llegado hasta ahí? No importaba, mi querido amigo había llegado. Me vi a mí misma correr hacia él felizmente, pero en esa niebla misteriosa él no era para mí más que una sombra. No pude ver su rostro. Tenía un libro en sus manos y lo tendió hacia mí. Hice el libro a un lado y lo abracé. Esta vez, surcaríamos el cielo juntos.

Súbitamente, la neblina desapareció de mis ojos. Stevanovna, de nuevo. ¿Qué había sido aquello? Me encontraba de pie frente al ascensor, aún en el vestíbulo. De repente, las puertas se abrieron y salió Adelina, quien lucía un vestido lleno de flores rojas y un hermoso sombrero de verano. Me miró complacida.

-¡Te he estado buscando toda la mañana! ¿Dónde te habías metido?

-¿Ah sí? ¿Por qué me buscabas?

Estaba confundida. Mi cabeza seguía un poco nublada y no podía pensar con claridad.

-Creo que te vendría bien un poco de aire fresco, apuesto que no has tenido la oportunidad de visitar Stevanovna y sus mejores lugares. ¡Ven conmigo! 

No pude oponer resistencia, me tomó de la muñeca y me arrastró hacia la puerta. La luz realmente me cegó, pero una vez que abrí los ojos, todo lucía perfecto. No sé si mis ojos me engañaban, pero daba la sensación de que los colores se tornaban música y las melodías a su vez, teñían hermosamente todo alrededor, cada flor, cada árbol, incluso las casas lucían alegres. Escuché una armónica, sonaba una melodía divertida. Un señor la tocaba alegremente en una plaza cercana al edificio de los MMD. No podía dejar de oír la armónica, me llenaba de vida. Adelina estaba realmente complacida por el hecho de que yo hubiera accedido a acompañarla, aunque realmente ella me había empujado hacia fuera del edificio. Ya no importaba, con cada paso que daba solo aumentaban mis deseos de seguir conociendo la ciudad. 

- Tengo que llevarte a un lugar que te encantará, mis amigos pianistas lo frecuentan a menudo, es un café llamado “Pianissimo”.

Reí al escuchar el nombre del lugar al que pretendía llevarme.

-Supongo que es un lugar bastante tranquilo a juzgar por su nombre. 

- Es un lugar muy elegante, ¡te fascinará!

Así, arrastrada por esa alegre chica me dirigí a Pianissimo. Sin embargo, una incertidumbre se clavaba en mí.

No podía quitar de mi mente la figura oscura de mi recuerdo.

domingo, 26 de mayo de 2013

Capítulo 2



Mientras leen:
 
Capítulo 2

Era increíble. Me enamoré apenas lo vi, puede sonar trillado, pero me pregunté dónde había estado durante toda mi existencia, por qué no estuvo conmigo desde el principio. Era perfecto para mí. Apenas entré a mi apartamento, un hermoso piano de cola me quitó el aliento. Me hizo volver a mi infancia, cuando mi abuela me llevaba a las lecciones de piano y aunque al principio era difícil, luego todo se volvió un juego y yo mejoraba notablemente día tras día.

Ese piano era para mí, literalmente. Tenía grabado “Adalira” en letras cursivas en dorado. Blanco. Tenía encima unas hojas con pentagramas, en blanco, para dar comenzar a dar vuelo a mi creatividad y componer las melodías que en ese momento se me venían a la mente. 

Me senté frente a él y una vez que iba a posar mis dedos sobre las teclas…no pude. Un dolor agudo se cernió sobre mí, mi cabeza, mis ojos, mi vista comenzó a nublarse, no entendía qué pasaba, no sabía nada, solo quería que el dolor se detuviera. 

Cuando me desperté, estaba en mi cama y una señora bajita, con un vestido azul estaba sentada junto a mi cama. Me miraba atentamente y cuando vio que desperté, una sonrisa apareció en su rostro.

-Ya era hora de que despertaras Adalira, espero que te sientas mejor, te recomiendo que tomes un poco de chocolate staccato, eso te ayudará.

-¿Usted me cargó hasta mi cama? ¿Quién es usted? – le pregunté, asombrada de que una mujer tan pequeña tuviese tanta fuerza como para cargarme. 

– No, no. No lo he hecho yo. Soy fuerte, pero no tanto querida. Un par de inquilinos de este mismo pasillo me han ayudado, deberías agradecerles cuando te sientas mejor. 

– Disculpe…pero si estoy muerta, ¿qué fue lo que me pasó?

– Pues incluso los muertos de vez en cuando necesitamos descansar y relajarnos, muy especialmente los que vivimos en Stevanovna. 

-¿A qué se refiere con eso?

-Creo que no es el mejor momento para decírtelo, pero una vez que estés bien, puedes reunirte conmigo para hablar al respecto.

Mis ojos se cerraron por un momento, o al menos a mí me parecieron tan solo unos segundos, pero cuando los abrí ya no estaba la mujer misteriosa de vestido azul. 

Pensé en lo que dijo, ¿qué tiene de especial esta ciudad? ¿Por qué tendría que tener que descansar especialmente si vivo aquí? Desvié mi mar de ideas por un momento y recordé a los otros inquilinos que la mujer mencionó que me cargaron hacia mi cama…qué vergonzoso, recién llegada y ya causando problemas a los demás.

¿Qué fue lo que me pasó? Sentí como si la música, como si el ferviente deseo de tocarla hubiera sido demasiado para mí. Un pequeño momento de éxtasis musical me provocó un desmayo. Ridículamente absurdo. Intenté ponerme de pie, mi habitación era verdaderamente preciosa, mi reloj también estaba decorado con notas musicales, las ventanas tenían silencios y corcheas en los bordes, las cortinas tenían teclas blancas y negras en sus telas. 

 Mi cama era muy cómoda, pero hice un gran esfuerzo y logré levantarme. Una ventana abierta, una cálida brisa. Ya no parecía el mismo lugar que cuando llegué, al parecer estaba amaneciendo. Pero el día anterior lucía mucho más gris, más opaco. 

-Tengo que comer algo si no quiero desmayarme de nuevo – pensé. 

Salí de mi habitación y busqué la cocina, fue fácil encontrarla. Tenía paredes celestes, todo tenía tonalidades tan claras en ese apartamento, me hacía sentir bien, me relajaba, me inspiraba a escribir. No sé por qué tenía esa urgencia de escribir lo que sentía, pero me preocupé por buscar algo de comer. Encontré en la refrigeradora un pequeño refresco en caja que decía “chocolate staccato”, el que me había recomendado esa mujer, así que lo tomé rápidamente. Era verdaderamente delicioso y conforme lo tomaba sentí cómo me fortalecía. Comí un emparedado de jamón y queso y me ayudó a sentirme mejor. 

Caminé hacia la sala de estar y me quedé atónita. Había desaparecido, ni siquiera parecía que hubiera estado ahí alguna vez. Mi piano. Mi piano. Mi piano. ¿Cómo lo recuperaría? Entré en una especie de conmoción pero intenté tranquilizarme. Comencé a cantar en voz baja una canción que mi madre me cantaba cuando estaba pequeña, de una película infantil y poco a poco me desvanecí. Me quedé dormida en el sofá y cuando desperté en el reloj decía que eran las 4 p.m.

Salí de mi apartamento hacia el pasillo con la esperanza de que alguien me diera razón de dónde estaba mi piano. Me dirigí a la puerta que estaba a la izquierda de mi apartamento y tímidamente toqué la puerta. Después de un momento se abrió y un muchacho alto, castaño y de pelo lacio me recibió. 

- Hola, ¿se te ofrece algo? – me preguntó en un tono algo irritado.

- Sí, disculpa, mi nombre es Adalira y vivo en la habitación 177, quería saber si por casualidad no habrás visto un piano de cola blanco.

Me miró como intentando no reírse y luego añadió sarcásticamente:

- Pues no creo que alguien pueda andar con un piano de cola blanco por ahí sin ser notado, deberías ubicarte Adalira. No sé qué se creen los pianistas que vienen a vivir a estos apartamentos para Músicos Mentalmente Desorientados. Todo se trata de sus teclas blancas y negras.

- ¿Qué instrumento tocas? – pregunté.

-El violín – respondió, secamente.

- Ya veo, bueno, disculpa por haberte molestado…no recuerdo tu nombre.

- No lo dije. Soy Tempo.

- Como sea, hasta luego.

Su nombre me causó gracia, pero al verlo tan arrogante lo mejor era no hacer una broma al respecto, a continuación preferí dirigirme a la puerta que se encontraba a la derecha de mi apartamento. ¿Tempo? ¿Sería su nombre real o era solo un músico demasiado perfeccionista y calculador obsesionado por contar cada una de las notas? Toqué la puerta y enseguida me abrió una muchacha bajita, con un hermoso pelo largo, de un tono castaño-rojizo y con anteojos grandes. Se veía muy feliz y agradable. Me miró con curiosidad de arriba a abajo.

-Hola, mi nombre es Adalira – dije.

- ¡Mucho gusto en conocerte! ¡Así que tú eres la nueva pianista en los MMD! Escuché a Charles y a Felipe hablando de ti con Eleonora. ¿Cómo sigues? Según tengo entendido, te desmayaste por el  síndrome de Chopin. ¿Es verdad?

Hablaba a toda velocidad y gesticulaba exageradamente, era divertido verla hablar. Su voz me hacía sentir un poco reconfortada. Aunque no sabía de quién demonios me hablaba, ¿Charles, Felipe, Eleonora? Además, ¿qué es el síndrome de Chopin? Parecía una especie de broma. Seguramente notó mi expresión de confusión, así que procedió a explicarme.

- Lo siento, fui muy rápido ¡hahaha! Suele pasarme. Mi nombre es Adelina – su expresión se puso seria por un momento - …no hagas bromas al respecto, siempre me molestan con la balada y todo el asunto, bueno, sabes de qué te hablo, eres pianista. En fin, Charles y Felipe son dos músicos que viven en el piso de abajo, o al menos eso he escuchado, Charles toca la flauta traversa y Felipe el saxofón, son bastante amables, pero siempre pasan muy ocupados. 

- ¿Ellos fueron los que me cargaron cuando me desmayé? – pregunté, sintiendo como mi cara se iba poniendo roja.

- Eso parece, ya que Eleonora, la señora del vestido azul, les pidió ayuda con el apartamento 177. Yo iba de salida ayer cuando los escuché en la recepción del edificio, ellos iban de paso cuando una alarma empezó a sonar y de la nada salió Eleonora de su oficina diciendo que tenían un caso de recaída por síndrome de Chopin. Tuvieron la mala suerte de ser interceptados por Eleonora y les pidió su ayuda. Fue cuando escuché de la pianista Adalira por primera vez. 

- Ya veo…Disculpa Adelina, ¿qué es exactamente el síndrome de Chopin?

- ¡Lo lamento! Seguro que estoy confundiendo un montón. Pues, es una larga historia, pero en resumidas cuentas se trata de una recaída que les sucede a los músicos cuando llegan a Stevanovna si pasan mucho tiempo sin componer o tocar un instrumento. Seguramente llevabas muchos días vagando de camino hasta acá. Esa es una de las razones por las que se les pide a los músicos que participen en las actividades de la ciudad, o si no, se les solicita retirarse, pero una vez que se retiran, no pueden volver y es posible que no vuelvan a escuchar música en su existencia en alguno de los otros mundos y ciudades. 

- Pero, ¿por qué una vez que llegan a Stevanovna sucede eso?

- ¡Yo me he preguntado lo mismo muchas veces! Normalmente, a los habitantes de aquí no les molesta porque aman la música y pueden dedicarse a eso el día entero, pero aquí en el edificio, los MMD suelen sufrir recaídas gracias a síndromes de distintos tipos, el de Chopin no es el único que existe. Sabes, tengo la teoría de que la ciudad absorbe tu inspiración, tus ideas, tu música interna poco a poco y es por eso que si no realizas las actividades te puede absorber totalmente y simplemente desapareces, o al menos eso me han contado porque nunca he sido testigo de algo así.

- Pues suena…relativamente mal supongo.

- ¡Oye, qué maleducada soy! ¿Quieres pasar? Tengo galletas en forma de corcheas y chocolate staccato. 

Me sentí un poco comprometida, porque la verdad solo quería irme a buscar mi piano, pero esta chica era la única que me había dado algunas respuestas sobre qué sucedía en esta ciudad de locos. 

- Disculpa, la verdad es que la razón para que viniera aquí fue para preguntarte sobre un piano. Blanco. De cola. Estaba en mi apartamento cuando llegué, pero luego de que me desmayé desapareció.

Por un breve instante desapareció la sonrisa de su rostro pero rápidamente cambió su expresión y me dijo que a veces a los recién llegados les quitan su instrumento musical preferido para que puedan relajarse con alguna terapia de estrés y así su metrónomo pueda llevar el tempo correcto, un tempo igual al del metrónomo de la ciudad. La verdad no estaba segura de si confiar en Adelina, así que fui prudente con mis palabras. 

- Entonces, ¿cuándo podré recuperarlo?

- Creo que lo indicado es que le preguntes a Eleonora, su oficina está en el vestíbulo. Aunque te recomiendo que lo hagas mañana, ya son las 5 p.m. y ella suele salir a supervisar algunas actividades en la noche. Puedes ir a su oficina a partir de las 9 a.m. ¡pero tranquilízate y come!

Comí las galletas y el chocolate. Me contó que su instrumento era la guitarra, que le apasionaba mucho. Se notaba. Todo su apartamento estaba decorado con figuras de guitarras, sus sofás tenían estampados de pequeñas guitarras eléctricas azules y rojas, y en un cuarto tenía una colección de más de 200 guitarras, algunas ni siquiera existían en el mundo anterior. Por eso me sorprendió escuchar que tan solo llevaba 3 semanas en aquella ciudad. Con esa colección esperaba que llevara ahí algunos años. Me aclaró que en realidad las guitarras pertenecían a alguien que estuvo ahí antes que ella, pero que esa persona se restableció y ya no formaba parte de los MMD así que ella tuvo la suerte de que la asignaran en ese apartamento, el cual estaba lleno de colores sumamente brillantes. 

Cuando su reloj de guitarra marcó las 7 p.m., le agradecí y me devolví a mi apartamento. Me sobrecogió el gran silencio en el que me envolvían las habitaciones, intenté conciliar el sueño pero solamente lograba seguir pensando en mi piano. Músicos Mentalmente Desorientados, supongo que ya era parte de ellos. Miré por la ventana y vi las luces de la ciudad, se oían hermosas melodías provenientes de distintos lugares, algunas melancólicas y otras muy alegres. Abrí una de las gavetas del mueble que se encontraba junto a la ventana. Encontré un cuaderno con pentagramas vacíos y sin pensarlo 2 veces escribí cómo me hacía sentir la ciudad de noche, desde mi ventana.

Hasta que salió el sol.