Capítulo 1
Siempre esperé a que alguien notara mi talento. Ahora ya no importa más si
alguien lo nota o no, ya no estoy viva, pero no recuerdo cómo llegué a ser
quien soy hoy. Mi nombre se los diré más adelante, sólo necesitan saber que soy
pianista…o al menos lo fui alguna vez. Amaba la sensación de mis dedos posados
sobre las teclas y cómo movía mi cuerpo guiado por la cadencia de las melodías
que aún resuenan en mis oídos. Esas
hermosas melodías me sacaron de mis más oscuros momentos, siempre me hacían
despertar de esas horribles pesadillas en las que me sumergía continuamente.
La música me hizo ser mejor persona, pero ya no tengo seguridad sobre qué
voy a hacer. Llegué a Stevanovna guiada por unos letreros verdes como los que
normalmente te encuentras en las autopistas, aunque realmente el hecho de que
aquí haya letreros así para recordar el mundo anterior, el mundo del que los
habitantes de Stevanovna venimos, resulta una broma de mal gusto.
Les contaré un poco de Stevanovna. Los músicos vienen a dar aquí, luego de…ya
saben, morir, sin importar la causa de tu muerte, lo único que importa es la
pasión con la que tomaras la música en tu vida. Creo que aún no es el momento
adecuado para relatarles la forma en la que morí, pero les prometo que tarde o
temprano se enterarán. Les contaré sobre el día que llegué.
-¡Bienvenida pianista a Stevanovna!-me dijo una voz familiar en cuanto crucé
los límites de la ciudad. Sin embargo, cuando volví a ver no encontré a nadie,
así que seguí caminando, examinando todo alrededor.
Pequeñas casas de todos los colores, mas todos lucían opacos por alguna
razón. Las personas se encontraban por toda la ciudad con sus instrumentos,
algunos un poco rotos y viejos y otros sumamente hermosos y sin un solo
rasguño. Recuerdo haber visto a dos jóvenes más o menos de mi edad, una chica y
un chico, ella con una hermosa flauta de madera y él con un clarinete, ambos se
encontraban tocando melodías totalmente opuestas. Había algo interesante en el
hecho de que todos tocaran música distinta al mismo tiempo y que no fuera un
caos, porque por alguna razón, no había posibilidad de que algún sonido sonara
desafinado en aquel lugar, así como tampoco chocaban unas melodías con otras.
En un momento escuchabas canciones futuristas y electrónicas, así como
melodías lentas y preciosas. Seguí mi camino, aunque en realidad no sabía a
dónde me dirigía. Deambulé por varias callejuelas de la pintoresca ciudad admirando
los particulares detalles de construcción de las casas y edificios. Cosas que
nunca había visto, que si existieran en el mundo anterior, estaría todo de
cabeza. Techos colocados al revés, puertas sumamente pequeñas, ventanas hechas
de materiales de apariencia graciosa.
Llegué a lo que parecía ser el final de la ciudad, al lado norte, unos grandes
edificios futuristas de tonalidades azules sobresalían sobre lo demás. Gracias
a un rótulo me di cuenta de que se trataba de apartamentos para “músicos
perdidos” o al menos eso decía. Tengo que decir que no estaba muy segura de
entrar, pues no sabía si puede que fuesen psicópatas o estafadores, pero qué
más da, ya estaba muerta, no había posibilidad de que pasara algo… ¿o sí?
En el mostrador me recibió una mujer muy alta, de contextura gruesa con el
cabello negro azabache con algunos reflejos lilas, apenas notó mi presencia,
pero se dirigió hacia mí.
-Bienvenida, ¿pianista cierto?-inquirió.
-Eh…sí, pianista. Disculpe, ¿qué es este lugar?-.
-Si no notó el gran rótulo en la entrada, este edificio se compone de
apartamentos para músicos perdidos, o mejor conocidos como los MMD: Músicos
Mentalmente Desorientados. Se puede decir que atendemos a todos los melómanos
que lleguen, contamos con grandes zonas para lidiar con el estrés producido por
instrumentos desafinados y ayudarlos a adaptarse a Stevanovna para que luego de
un tiempo (variable según la persona) se puedan integrar a las actividades
normales de la ciudad - respondió tranquilamente, como si lo hubiese dicho 2537
veces. Me intrigaba saber cómo se dio cuenta de que yo era pianista, pero luego
se lo preguntaría, estaba más preocupada por lo que iba a hacer de ahora en
adelante con mi existencia.
-¿Qué clases de actividades realizan en esta ciudad?-le pregunté.
-Pues para los que logran quedarse, existe la posibilidad de escribir
música con los mejores músicos del mundo, formar conjuntos, grabar en estudios
profesionales, o para los más tranquilos, siempre existe la posibilidad de
tocar su música en las calles de la ciudad así como otras actividades
musicales.
-¿Y qué pasa con los que no logran quedarse?
-Muchos músicos deciden olvidarse de todo lo que tenga que ver con
pentagramas, métricas, escalas, acordes, pero especialmente, no quieren ensayar
más, no quieren volver a ver siquiera su amado instrumento, por el cual
llegaron a esta ciudad. Así que se retiran a otra ciudad y dejan su metrónomo
interior botado por ahí. Pero hay muchas ciudades donde pueden dirigirse según
lo que estén buscando.
-Ya veo…Entonces, sobre eso…no tengo un lugar dónde quedarme y…
-Habitación 177-me interrumpió-ten la llave.
-Gracias.
Tomé la llave, y una vez que me acerqué al ascensor, el cual era de vidrio,
la puerta se abrió y me sorprendió observar que no había botones, simplemente
te llevaba al piso al que necesitabas ir. Cuando salí del ascensor, una voz muy
clara cantó una hermosa melodía, a lo lejos, como si quisiera darme la
bienvenida. El pasillo estaba desierto. Caminé lentamente hasta llegar a la
puerta con un 177 adornado con claves de sol y de fa y metí la llave en la
cerradura. Desde entonces comencé a escribir la nueva banda sonora de mi vida.
Por cierto, me llamo Adalira y esta historia es mi sinfonía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario