Mientras leen:
Capítulo 2
Era increíble. Me enamoré apenas lo vi, puede sonar trillado, pero me
pregunté dónde había estado durante toda mi existencia, por qué no estuvo
conmigo desde el principio. Era perfecto para mí. Apenas entré a mi
apartamento, un hermoso piano de cola me quitó el aliento. Me hizo volver a mi
infancia, cuando mi abuela me llevaba a las lecciones de piano y aunque al
principio era difícil, luego todo se volvió un juego y yo mejoraba notablemente
día tras día.
Ese piano era para mí, literalmente. Tenía grabado “Adalira” en letras
cursivas en dorado. Blanco. Tenía encima unas hojas con pentagramas, en blanco,
para dar comenzar a dar vuelo a mi creatividad y componer las melodías que en ese
momento se me venían a la mente.
Me senté frente a él y una vez que iba a posar mis dedos sobre las
teclas…no pude. Un dolor agudo se cernió sobre mí, mi cabeza, mis ojos, mi
vista comenzó a nublarse, no entendía qué pasaba, no sabía nada, solo quería
que el dolor se detuviera.
Cuando me desperté, estaba en mi cama y una señora bajita, con un vestido
azul estaba sentada junto a mi cama. Me miraba atentamente y cuando vio que
desperté, una sonrisa apareció en su rostro.
-Ya era hora de que despertaras Adalira, espero que te sientas mejor, te
recomiendo que tomes un poco de chocolate staccato, eso te ayudará.
-¿Usted me cargó hasta mi cama? ¿Quién es usted? – le pregunté, asombrada
de que una mujer tan pequeña tuviese tanta fuerza como para cargarme.
– No, no. No lo he hecho yo. Soy fuerte, pero no tanto querida. Un par de
inquilinos de este mismo pasillo me han ayudado, deberías agradecerles cuando
te sientas mejor.
– Disculpe…pero si estoy muerta, ¿qué fue lo que me pasó?
– Pues incluso los muertos de vez en cuando necesitamos descansar y
relajarnos, muy especialmente los que vivimos en Stevanovna.
-¿A qué se refiere con eso?
-Creo que no es el mejor momento para decírtelo, pero una vez que estés
bien, puedes reunirte conmigo para hablar al respecto.
Mis ojos se cerraron por un momento, o al menos a mí me parecieron tan solo
unos segundos, pero cuando los abrí ya no estaba la mujer misteriosa de vestido
azul.
Pensé en lo que dijo, ¿qué tiene de especial esta ciudad? ¿Por qué tendría
que tener que descansar especialmente si vivo aquí? Desvié mi mar de ideas por
un momento y recordé a los otros inquilinos que la mujer mencionó que me
cargaron hacia mi cama…qué vergonzoso, recién llegada y ya causando problemas a
los demás.
¿Qué fue lo que me pasó? Sentí como si la música, como si el ferviente
deseo de tocarla hubiera sido demasiado para mí. Un pequeño momento de éxtasis
musical me provocó un desmayo. Ridículamente absurdo. Intenté ponerme de pie,
mi habitación era verdaderamente preciosa, mi reloj también estaba decorado con
notas musicales, las ventanas tenían silencios y corcheas en los bordes, las
cortinas tenían teclas blancas y negras en sus telas.
Mi cama era muy cómoda, pero hice un
gran esfuerzo y logré levantarme. Una ventana abierta, una cálida brisa. Ya no
parecía el mismo lugar que cuando llegué, al parecer estaba amaneciendo. Pero
el día anterior lucía mucho más gris, más opaco.
-Tengo que comer algo si no quiero desmayarme de nuevo – pensé.
Salí de mi habitación y busqué la cocina, fue fácil encontrarla. Tenía
paredes celestes, todo tenía tonalidades tan claras en ese apartamento, me hacía
sentir bien, me relajaba, me inspiraba a escribir. No sé por qué tenía esa
urgencia de escribir lo que sentía, pero me preocupé por buscar algo de comer.
Encontré en la refrigeradora un pequeño refresco en caja que decía “chocolate
staccato”, el que me había recomendado esa mujer, así que lo tomé rápidamente.
Era verdaderamente delicioso y conforme lo tomaba sentí cómo me fortalecía. Comí
un emparedado de jamón y queso y me ayudó a sentirme mejor.
Caminé hacia la sala de estar y me quedé atónita. Había desaparecido, ni
siquiera parecía que hubiera estado ahí alguna vez. Mi piano. Mi piano. Mi
piano. ¿Cómo lo recuperaría? Entré en una especie de conmoción pero intenté
tranquilizarme. Comencé a cantar en voz baja una canción que mi madre me
cantaba cuando estaba pequeña, de una película infantil y poco a poco me
desvanecí. Me quedé dormida en el sofá y cuando desperté en el reloj decía que
eran las 4 p.m.
Salí de mi apartamento hacia el pasillo con la esperanza de que alguien me
diera razón de dónde estaba mi piano. Me dirigí a la puerta que estaba a la
izquierda de mi apartamento y tímidamente toqué la puerta. Después de un
momento se abrió y un muchacho alto, castaño y de pelo lacio me recibió.
- Hola, ¿se te ofrece algo? – me preguntó en un tono algo irritado.
- Sí, disculpa, mi nombre es Adalira y vivo en la habitación 177, quería
saber si por casualidad no habrás visto un piano de cola blanco.
Me miró como intentando no reírse y luego añadió sarcásticamente:
- Pues no creo que alguien pueda andar con un piano de cola blanco por ahí
sin ser notado, deberías ubicarte Adalira. No sé qué se creen los pianistas que
vienen a vivir a estos apartamentos para Músicos Mentalmente Desorientados. Todo se trata de sus teclas
blancas y negras.
- ¿Qué instrumento tocas? – pregunté.
-El violín – respondió, secamente.
- Ya veo, bueno, disculpa por haberte molestado…no recuerdo tu nombre.
- No lo dije. Soy Tempo.
- Como sea, hasta luego.
Su nombre me causó gracia, pero
al verlo tan arrogante lo mejor era no hacer una broma al respecto, a
continuación preferí dirigirme a la puerta que se encontraba a la derecha de mi
apartamento. ¿Tempo? ¿Sería su nombre real o era solo un músico demasiado
perfeccionista y calculador obsesionado por contar cada una de las notas? Toqué
la puerta y enseguida me abrió una muchacha bajita, con un hermoso pelo largo,
de un tono castaño-rojizo y con anteojos grandes. Se veía muy feliz y agradable.
Me miró con curiosidad de arriba a abajo.
-Hola, mi nombre es Adalira –
dije.
- ¡Mucho gusto en conocerte! ¡Así
que tú eres la nueva pianista en los MMD! Escuché a Charles y a Felipe hablando
de ti con Eleonora. ¿Cómo sigues? Según tengo entendido, te desmayaste por el síndrome de Chopin. ¿Es verdad?
Hablaba a toda velocidad y
gesticulaba exageradamente, era divertido verla hablar. Su voz me hacía sentir
un poco reconfortada. Aunque no sabía de quién demonios me hablaba, ¿Charles,
Felipe, Eleonora? Además, ¿qué es el síndrome de Chopin? Parecía una especie de
broma. Seguramente notó mi expresión de confusión, así que procedió a
explicarme.
- Lo siento, fui muy rápido
¡hahaha! Suele pasarme. Mi nombre es Adelina – su expresión se puso seria por
un momento - …no hagas bromas al respecto, siempre me molestan con la balada y
todo el asunto, bueno, sabes de qué te hablo, eres pianista. En fin, Charles y
Felipe son dos músicos que viven en el piso de abajo, o al menos eso he
escuchado, Charles toca la flauta traversa y Felipe el saxofón, son bastante
amables, pero siempre pasan muy ocupados.
- ¿Ellos fueron los que me
cargaron cuando me desmayé? – pregunté, sintiendo como mi cara se iba poniendo
roja.
- Eso parece, ya que Eleonora, la
señora del vestido azul, les pidió ayuda con el apartamento 177. Yo iba de
salida ayer cuando los escuché en la recepción del edificio, ellos iban de paso
cuando una alarma empezó a sonar y de la nada salió Eleonora de su oficina
diciendo que tenían un caso de recaída por síndrome de Chopin. Tuvieron la mala
suerte de ser interceptados por Eleonora y les pidió su ayuda. Fue cuando
escuché de la pianista Adalira por primera vez.
- Ya veo…Disculpa Adelina, ¿qué
es exactamente el síndrome de Chopin?
- ¡Lo lamento! Seguro que estoy
confundiendo un montón. Pues, es una larga historia, pero en resumidas cuentas
se trata de una recaída que les sucede a los músicos cuando llegan a Stevanovna
si pasan mucho tiempo sin componer o tocar un instrumento. Seguramente llevabas
muchos días vagando de camino hasta acá. Esa es una de las razones por las que
se les pide a los músicos que participen en las actividades de la ciudad, o si
no, se les solicita retirarse, pero una vez que se retiran, no pueden volver y
es posible que no vuelvan a escuchar música en su existencia en alguno de los
otros mundos y ciudades.
- Pero, ¿por qué una vez que
llegan a Stevanovna sucede eso?
- ¡Yo me he preguntado lo mismo
muchas veces! Normalmente, a los habitantes de aquí no les molesta porque aman
la música y pueden dedicarse a eso el día entero, pero aquí en el edificio, los
MMD suelen sufrir recaídas gracias a síndromes de distintos tipos, el de Chopin
no es el único que existe. Sabes, tengo la teoría de que la ciudad absorbe tu
inspiración, tus ideas, tu música interna poco a poco y es por eso que si no
realizas las actividades te puede absorber totalmente y simplemente desapareces,
o al menos eso me han contado porque nunca he sido testigo de algo así.
- Pues suena…relativamente mal
supongo.
- ¡Oye, qué maleducada soy!
¿Quieres pasar? Tengo galletas en forma de corcheas y chocolate staccato.
Me sentí un poco comprometida,
porque la verdad solo quería irme a buscar mi piano, pero esta chica era la
única que me había dado algunas respuestas sobre qué sucedía en esta ciudad de
locos.
- Disculpa, la verdad es que la
razón para que viniera aquí fue para preguntarte sobre un piano. Blanco. De
cola. Estaba en mi apartamento cuando llegué, pero luego de que me desmayé
desapareció.
Por un breve instante desapareció
la sonrisa de su rostro pero rápidamente cambió su expresión y me dijo que a
veces a los recién llegados les quitan su instrumento musical preferido para
que puedan relajarse con alguna terapia de estrés y así su metrónomo pueda
llevar el tempo correcto, un tempo igual al del metrónomo de la ciudad. La
verdad no estaba segura de si confiar en Adelina, así que fui prudente con mis
palabras.
- Entonces, ¿cuándo podré
recuperarlo?
- Creo que lo indicado es que le
preguntes a Eleonora, su oficina está en el vestíbulo. Aunque te recomiendo que
lo hagas mañana, ya son las 5 p.m. y ella suele salir a supervisar algunas actividades
en la noche. Puedes ir a su oficina a partir de las 9 a.m. ¡pero tranquilízate
y come!
Comí las galletas y el chocolate.
Me contó que su instrumento era la guitarra, que le apasionaba mucho. Se notaba.
Todo su apartamento estaba decorado con figuras de guitarras, sus sofás tenían
estampados de pequeñas guitarras eléctricas azules y rojas, y en un cuarto
tenía una colección de más de 200 guitarras, algunas ni siquiera existían en el
mundo anterior. Por eso me sorprendió escuchar que tan solo llevaba 3 semanas
en aquella ciudad. Con esa colección esperaba que llevara ahí algunos años. Me
aclaró que en realidad las guitarras pertenecían a alguien que estuvo ahí antes
que ella, pero que esa persona se restableció y ya no formaba parte de los MMD
así que ella tuvo la suerte de que la asignaran en ese apartamento, el cual
estaba lleno de colores sumamente brillantes.
Cuando su reloj de guitarra marcó
las 7 p.m., le agradecí y me devolví a mi apartamento. Me sobrecogió el gran
silencio en el que me envolvían las habitaciones, intenté conciliar el sueño
pero solamente lograba seguir pensando en mi piano. Músicos Mentalmente
Desorientados, supongo que ya era parte de ellos. Miré por la ventana y vi las
luces de la ciudad, se oían hermosas melodías provenientes de distintos lugares,
algunas melancólicas y otras muy alegres. Abrí una de las gavetas del mueble
que se encontraba junto a la ventana. Encontré un cuaderno con pentagramas
vacíos y sin pensarlo 2 veces escribí cómo me hacía sentir la ciudad de noche,
desde mi ventana.
Hasta que salió el sol.
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