domingo, 26 de mayo de 2013

Capítulo 2



Mientras leen:
 
Capítulo 2

Era increíble. Me enamoré apenas lo vi, puede sonar trillado, pero me pregunté dónde había estado durante toda mi existencia, por qué no estuvo conmigo desde el principio. Era perfecto para mí. Apenas entré a mi apartamento, un hermoso piano de cola me quitó el aliento. Me hizo volver a mi infancia, cuando mi abuela me llevaba a las lecciones de piano y aunque al principio era difícil, luego todo se volvió un juego y yo mejoraba notablemente día tras día.

Ese piano era para mí, literalmente. Tenía grabado “Adalira” en letras cursivas en dorado. Blanco. Tenía encima unas hojas con pentagramas, en blanco, para dar comenzar a dar vuelo a mi creatividad y componer las melodías que en ese momento se me venían a la mente. 

Me senté frente a él y una vez que iba a posar mis dedos sobre las teclas…no pude. Un dolor agudo se cernió sobre mí, mi cabeza, mis ojos, mi vista comenzó a nublarse, no entendía qué pasaba, no sabía nada, solo quería que el dolor se detuviera. 

Cuando me desperté, estaba en mi cama y una señora bajita, con un vestido azul estaba sentada junto a mi cama. Me miraba atentamente y cuando vio que desperté, una sonrisa apareció en su rostro.

-Ya era hora de que despertaras Adalira, espero que te sientas mejor, te recomiendo que tomes un poco de chocolate staccato, eso te ayudará.

-¿Usted me cargó hasta mi cama? ¿Quién es usted? – le pregunté, asombrada de que una mujer tan pequeña tuviese tanta fuerza como para cargarme. 

– No, no. No lo he hecho yo. Soy fuerte, pero no tanto querida. Un par de inquilinos de este mismo pasillo me han ayudado, deberías agradecerles cuando te sientas mejor. 

– Disculpe…pero si estoy muerta, ¿qué fue lo que me pasó?

– Pues incluso los muertos de vez en cuando necesitamos descansar y relajarnos, muy especialmente los que vivimos en Stevanovna. 

-¿A qué se refiere con eso?

-Creo que no es el mejor momento para decírtelo, pero una vez que estés bien, puedes reunirte conmigo para hablar al respecto.

Mis ojos se cerraron por un momento, o al menos a mí me parecieron tan solo unos segundos, pero cuando los abrí ya no estaba la mujer misteriosa de vestido azul. 

Pensé en lo que dijo, ¿qué tiene de especial esta ciudad? ¿Por qué tendría que tener que descansar especialmente si vivo aquí? Desvié mi mar de ideas por un momento y recordé a los otros inquilinos que la mujer mencionó que me cargaron hacia mi cama…qué vergonzoso, recién llegada y ya causando problemas a los demás.

¿Qué fue lo que me pasó? Sentí como si la música, como si el ferviente deseo de tocarla hubiera sido demasiado para mí. Un pequeño momento de éxtasis musical me provocó un desmayo. Ridículamente absurdo. Intenté ponerme de pie, mi habitación era verdaderamente preciosa, mi reloj también estaba decorado con notas musicales, las ventanas tenían silencios y corcheas en los bordes, las cortinas tenían teclas blancas y negras en sus telas. 

 Mi cama era muy cómoda, pero hice un gran esfuerzo y logré levantarme. Una ventana abierta, una cálida brisa. Ya no parecía el mismo lugar que cuando llegué, al parecer estaba amaneciendo. Pero el día anterior lucía mucho más gris, más opaco. 

-Tengo que comer algo si no quiero desmayarme de nuevo – pensé. 

Salí de mi habitación y busqué la cocina, fue fácil encontrarla. Tenía paredes celestes, todo tenía tonalidades tan claras en ese apartamento, me hacía sentir bien, me relajaba, me inspiraba a escribir. No sé por qué tenía esa urgencia de escribir lo que sentía, pero me preocupé por buscar algo de comer. Encontré en la refrigeradora un pequeño refresco en caja que decía “chocolate staccato”, el que me había recomendado esa mujer, así que lo tomé rápidamente. Era verdaderamente delicioso y conforme lo tomaba sentí cómo me fortalecía. Comí un emparedado de jamón y queso y me ayudó a sentirme mejor. 

Caminé hacia la sala de estar y me quedé atónita. Había desaparecido, ni siquiera parecía que hubiera estado ahí alguna vez. Mi piano. Mi piano. Mi piano. ¿Cómo lo recuperaría? Entré en una especie de conmoción pero intenté tranquilizarme. Comencé a cantar en voz baja una canción que mi madre me cantaba cuando estaba pequeña, de una película infantil y poco a poco me desvanecí. Me quedé dormida en el sofá y cuando desperté en el reloj decía que eran las 4 p.m.

Salí de mi apartamento hacia el pasillo con la esperanza de que alguien me diera razón de dónde estaba mi piano. Me dirigí a la puerta que estaba a la izquierda de mi apartamento y tímidamente toqué la puerta. Después de un momento se abrió y un muchacho alto, castaño y de pelo lacio me recibió. 

- Hola, ¿se te ofrece algo? – me preguntó en un tono algo irritado.

- Sí, disculpa, mi nombre es Adalira y vivo en la habitación 177, quería saber si por casualidad no habrás visto un piano de cola blanco.

Me miró como intentando no reírse y luego añadió sarcásticamente:

- Pues no creo que alguien pueda andar con un piano de cola blanco por ahí sin ser notado, deberías ubicarte Adalira. No sé qué se creen los pianistas que vienen a vivir a estos apartamentos para Músicos Mentalmente Desorientados. Todo se trata de sus teclas blancas y negras.

- ¿Qué instrumento tocas? – pregunté.

-El violín – respondió, secamente.

- Ya veo, bueno, disculpa por haberte molestado…no recuerdo tu nombre.

- No lo dije. Soy Tempo.

- Como sea, hasta luego.

Su nombre me causó gracia, pero al verlo tan arrogante lo mejor era no hacer una broma al respecto, a continuación preferí dirigirme a la puerta que se encontraba a la derecha de mi apartamento. ¿Tempo? ¿Sería su nombre real o era solo un músico demasiado perfeccionista y calculador obsesionado por contar cada una de las notas? Toqué la puerta y enseguida me abrió una muchacha bajita, con un hermoso pelo largo, de un tono castaño-rojizo y con anteojos grandes. Se veía muy feliz y agradable. Me miró con curiosidad de arriba a abajo.

-Hola, mi nombre es Adalira – dije.

- ¡Mucho gusto en conocerte! ¡Así que tú eres la nueva pianista en los MMD! Escuché a Charles y a Felipe hablando de ti con Eleonora. ¿Cómo sigues? Según tengo entendido, te desmayaste por el  síndrome de Chopin. ¿Es verdad?

Hablaba a toda velocidad y gesticulaba exageradamente, era divertido verla hablar. Su voz me hacía sentir un poco reconfortada. Aunque no sabía de quién demonios me hablaba, ¿Charles, Felipe, Eleonora? Además, ¿qué es el síndrome de Chopin? Parecía una especie de broma. Seguramente notó mi expresión de confusión, así que procedió a explicarme.

- Lo siento, fui muy rápido ¡hahaha! Suele pasarme. Mi nombre es Adelina – su expresión se puso seria por un momento - …no hagas bromas al respecto, siempre me molestan con la balada y todo el asunto, bueno, sabes de qué te hablo, eres pianista. En fin, Charles y Felipe son dos músicos que viven en el piso de abajo, o al menos eso he escuchado, Charles toca la flauta traversa y Felipe el saxofón, son bastante amables, pero siempre pasan muy ocupados. 

- ¿Ellos fueron los que me cargaron cuando me desmayé? – pregunté, sintiendo como mi cara se iba poniendo roja.

- Eso parece, ya que Eleonora, la señora del vestido azul, les pidió ayuda con el apartamento 177. Yo iba de salida ayer cuando los escuché en la recepción del edificio, ellos iban de paso cuando una alarma empezó a sonar y de la nada salió Eleonora de su oficina diciendo que tenían un caso de recaída por síndrome de Chopin. Tuvieron la mala suerte de ser interceptados por Eleonora y les pidió su ayuda. Fue cuando escuché de la pianista Adalira por primera vez. 

- Ya veo…Disculpa Adelina, ¿qué es exactamente el síndrome de Chopin?

- ¡Lo lamento! Seguro que estoy confundiendo un montón. Pues, es una larga historia, pero en resumidas cuentas se trata de una recaída que les sucede a los músicos cuando llegan a Stevanovna si pasan mucho tiempo sin componer o tocar un instrumento. Seguramente llevabas muchos días vagando de camino hasta acá. Esa es una de las razones por las que se les pide a los músicos que participen en las actividades de la ciudad, o si no, se les solicita retirarse, pero una vez que se retiran, no pueden volver y es posible que no vuelvan a escuchar música en su existencia en alguno de los otros mundos y ciudades. 

- Pero, ¿por qué una vez que llegan a Stevanovna sucede eso?

- ¡Yo me he preguntado lo mismo muchas veces! Normalmente, a los habitantes de aquí no les molesta porque aman la música y pueden dedicarse a eso el día entero, pero aquí en el edificio, los MMD suelen sufrir recaídas gracias a síndromes de distintos tipos, el de Chopin no es el único que existe. Sabes, tengo la teoría de que la ciudad absorbe tu inspiración, tus ideas, tu música interna poco a poco y es por eso que si no realizas las actividades te puede absorber totalmente y simplemente desapareces, o al menos eso me han contado porque nunca he sido testigo de algo así.

- Pues suena…relativamente mal supongo.

- ¡Oye, qué maleducada soy! ¿Quieres pasar? Tengo galletas en forma de corcheas y chocolate staccato. 

Me sentí un poco comprometida, porque la verdad solo quería irme a buscar mi piano, pero esta chica era la única que me había dado algunas respuestas sobre qué sucedía en esta ciudad de locos. 

- Disculpa, la verdad es que la razón para que viniera aquí fue para preguntarte sobre un piano. Blanco. De cola. Estaba en mi apartamento cuando llegué, pero luego de que me desmayé desapareció.

Por un breve instante desapareció la sonrisa de su rostro pero rápidamente cambió su expresión y me dijo que a veces a los recién llegados les quitan su instrumento musical preferido para que puedan relajarse con alguna terapia de estrés y así su metrónomo pueda llevar el tempo correcto, un tempo igual al del metrónomo de la ciudad. La verdad no estaba segura de si confiar en Adelina, así que fui prudente con mis palabras. 

- Entonces, ¿cuándo podré recuperarlo?

- Creo que lo indicado es que le preguntes a Eleonora, su oficina está en el vestíbulo. Aunque te recomiendo que lo hagas mañana, ya son las 5 p.m. y ella suele salir a supervisar algunas actividades en la noche. Puedes ir a su oficina a partir de las 9 a.m. ¡pero tranquilízate y come!

Comí las galletas y el chocolate. Me contó que su instrumento era la guitarra, que le apasionaba mucho. Se notaba. Todo su apartamento estaba decorado con figuras de guitarras, sus sofás tenían estampados de pequeñas guitarras eléctricas azules y rojas, y en un cuarto tenía una colección de más de 200 guitarras, algunas ni siquiera existían en el mundo anterior. Por eso me sorprendió escuchar que tan solo llevaba 3 semanas en aquella ciudad. Con esa colección esperaba que llevara ahí algunos años. Me aclaró que en realidad las guitarras pertenecían a alguien que estuvo ahí antes que ella, pero que esa persona se restableció y ya no formaba parte de los MMD así que ella tuvo la suerte de que la asignaran en ese apartamento, el cual estaba lleno de colores sumamente brillantes. 

Cuando su reloj de guitarra marcó las 7 p.m., le agradecí y me devolví a mi apartamento. Me sobrecogió el gran silencio en el que me envolvían las habitaciones, intenté conciliar el sueño pero solamente lograba seguir pensando en mi piano. Músicos Mentalmente Desorientados, supongo que ya era parte de ellos. Miré por la ventana y vi las luces de la ciudad, se oían hermosas melodías provenientes de distintos lugares, algunas melancólicas y otras muy alegres. Abrí una de las gavetas del mueble que se encontraba junto a la ventana. Encontré un cuaderno con pentagramas vacíos y sin pensarlo 2 veces escribí cómo me hacía sentir la ciudad de noche, desde mi ventana.

Hasta que salió el sol.

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