sábado, 13 de julio de 2013

Capítulo 6

Nota de la autora: 
Al fin pude terminar el capítulo, disculpen la tardanza, esta vez no agregué ninguna pieza, pero me gustaría que cuando terminen de leer el capítulo, piensen en la pieza que calzaría con este capítulo, algo así como su banda sonora y si gustan, pueden decírmela en un comentario. ¡Gracias!



Capítulo 6


Al día siguiente encontré una nota que alguien había deslizado bajo mi puerta, un pequeño memorándum.
“Es día de que te integres a las actividades de los Músicos Mentalmente Desorientados, te estaremos esperando a las 9:00 a.m. en la sala virtual, puedes llegar preguntando en el lobby.”

¿Sala virtual? Sonaba como una película de ciencia ficción o algo parecido. Me duché, me puse unos jeans y una blusa blanca con una llave de sol y una llave de fa formando un corazón. Recogí mi pelo en una coleta y me dirigí hacia el lobby. Bajé por el ascensor y me dirigí hacia la recepcionista, cuyo nombre aún no conocía. Busqué algún gafete para identificarla pero no traía ninguno consigo.


-Buenos días, disculpa, no sé tu nombre.

-Soy Margaret – agregó, mientras anotaba algunas fechas en una agenda llena de notas y flechas por todos lados - ¿se te ofrece algo Adalira de la habitación 177?

- Me ha llegado un memorándum, diciéndome que tenía que dirigirme a la “Sala Virtual” para actividades de los Músicos Mentalmente Desorientados.

- Claro, aquí está tu pase – dijo, dándome un collar con una llavecita con forma de corchea – úsala para entrar por la puerta de cristal que está en el segundo piso, ve por el ascensor.

Me dirigí al ascensor y llegué al segundo piso. Nunca había entrado ahí hasta el momento. Tampoco me había surgido mucha curiosidad puesto que no entendía del todo cómo funcionaba ese ascensor sin botones, sólo te llevaba a donde necesitaras llegar. Caminé por el pasillo, se oía un saxofón a lo lejos. A la izquierda del ascensor, vi la puerta de cristal muy amplia con una hendidura en forma de corchea a un costado, donde coloqué mi llave con sumo cuidado. Después de un momento, escuché un “clic” y la puerta se abrió. Parecía un lugar tétrico a decir verdad, pero me armé de valor y entré, siguiendo la melodía del saxofón.

Observé a un tipo alto y grueso con una gabardina blanca. Cuando me vio me dirigió una sonrisa amable y estrechó mi mano.
-Soy Gustav, bienvenida a la sesiones de los MMD, seré tu guía a través de la primera sala, ¿quién eres pianista? – inquirió.

A estas alturas ya no me sorprendía que supieran qué instrumento tocaba, solamente podía deducir que quienes lo notaban llevaban viviendo mucho tiempo en Stevanovna.

- Soy Adalira, encantada. ¿De qué se tratan exactamente estas sesiones Gustav?

- Un poco de todo, ya lo verás – añadió misteriosamente.

Me pidió que lo siguiera por un pasillo completamente blanco como su gabardina y llegamos a una estancia con 5 puertas, me indicó que entrara a la puerta roja, la primera de izquierda a derecha. Antes de que me fuera, me dijo que era una sala a prueba de sonido, utilizada como un tratamiento anti estrés para los músicos nuevos, puesto que muchas veces las emociones no se transmitían correctamente al principio mediante la música y que era posible que interpretaran versiones distorsionadas de las melodías, aunque no era el caso de todos. Me dijo que entre los dos trabajaríamos poco a poco para ver de qué forma podía enfocar mi talento en una forma constructiva para Stevanovna.

Entré por la puerta roja y la sala, que al principio tenía paredes blancas, comenzó a cambiar. Las paredes que ahora parecían grandes pantallas cambiaban de color y formaban fotos. Mi corazón se aceleró, por alguna razón tenía miedo de ver cosas que no quería recordar. Sus paredes mostraron un día lluvioso, más no había ningún sonido. Vi una sala de hospital vacía, un jardín de juegos, una rueda de la fortuna en una feria. Todo estaba vacío. Cada imagen era provocada por mi cerebro según entendí posteriormente a la sesión. Al parecer, la sala muestra las cosas que te provocan estrés, mediante un link establecido con tu “cerebro musical”, para que así tengas que enfrentarlas y liberar el estrés que te producen. Claro que no pueden esperar que después de una sola sesión todo esté bien contigo y que ya nada te produzca estrés, no es así, pero se busca como mínimo que puedas tolerar las imágenes aunque te sigan generando sentimientos incómodos.

Comencé a sentir un fuerte dolor de cabeza y sentí que me desvanecería, como cuando iba a tocar mi piano por primera vez. Iba a empezar a gritar pero cuando abrí mi boca para liberarlo, las paredes reflejaron esta vez una pequeña colina con un árbol de unas frutas que no había visto nunca, eran pequeñas y blancas. El cielo se tornó celeste y las nubes formaban hermosas figuras conforme eran llevadas por el viento. Me tumbé entre el césped intranquila, intentando relajarme, el día en la sala virtual pasó a ser noche. Un cielo completamente estrellado se abrió ante mis ojos, noté unas estrellas en una constelación muy peculiar, mi admiración crecía porque no eran estrellas normales. Las observé con atención hasta que comenzaron a contar una historia en el firmamento.

“Había una vez una pequeña niña que tenía pocos amigos. Vivía detrás de donde se apagan las luces del ocaso. Donde el verde le gana al gris y  los vecinos se conocen. Un lugar verdaderamente encantador, aunque pequeño. Un día, la pequeña niña quiso saber qué había más allá del ocaso. Sus padres siempre le habían dicho que había pedacitos de sueños, pedacitos de cielo. Ella quería saber cómo era ese lugar detrás de las montañas. Así que un día, cuando el sol salió, la niña decidió que iría a explorar.

Alistó su mochila, la llenó de frutos blancos del árbol del pueblo y se dirigió a su aventura con decisión. Comenzó a caminar y cuando estaba a punto de cruzar el lugar donde nadie de su pueblo había llegado, volvió su mirada hacia atrás y pensó “volveré pronto papá y mamá”.

Sin saber que jamás sucedería.

Cuando cruzó, su cuerpo comenzó a adquirir el color del cielo y a brillar, la pequeña niña se quedó atónita, completamente fascinada. Pero vio que todo a su alrededor era completamente negro, más negro que la noche, por algunos lugares se veían algunas chispitas azules momentáneas, de repente, tuvo miedo. Comenzó a escuchar voces, sus gritos hacía que no sonaran humanas. Comenzó a correr, porque sintió que la estaban siguiendo. No veía nada, tropezó con un pequeño objeto en el piso y cuando cayó se golpeó la cabeza con un objeto filoso que estaba cerca, un líquido totalmente blanco comenzó a salir de su herida. Escuchó las pisadas cada vez más cerca, un poco mareada logró levantarse, pero antes de que lograra seguir corriendo, unas figuras negras sin rostro la tomaron enseguida. La luz comenzó a desvanecerse en su piel, comenzaron a arrancar sus pedazos poco a poco, comenzó a gritar, pedir ayuda, hasta que llegó el momento donde ya no sentía dolor y la pequeña niña no era más que un recuerdo.

Pedacitos de sueños, pedacitos de cielo.”

Creo que me había dormido por algunos minutos, no mucho tiempo. Me desperté completamente fría. ¿Aquello era lo que pensaba que era? Era una hermosa metáfora, la forma menos fea de pintar las cosas. No lo sabía. Salí de la habitación y Gustav me miró sorprendido.

- Adalira, ¿estás bien? Estás completamente blanca.

Me dio un poco de chocolate staccato. Intenté explicarle lo sucedido en la sala roja pero me calló inmediatamente.

-No es necesario que digas nada, lo que pase en esa sala es personal. Te muestra puntos débiles de tu memoria, a veces no son explicados explícitamente, a veces son simplemente colores, fotografías, otras veces son pequeñas películas donde te puedes ver a ti mismo en tu vida anterior. Todo depende de qué tan bien esté tu memoria y claro, de cuánto quieres recordar.

- ¿Tengo que volver a entrar a ese lugar? – pregunté, asustada con la idea de tener que cruzar esa horrible puerta roja de nuevo.

-Depende de tus avances con el resto de sesiones de los MMD. Normalmente, no esperamos que estés como nueva en una sesión, pero tengo el presentimiento de que lo harás muy bien Adalira – dijo, dirigiéndome una sonrisa tranquilizadora.

- Gracias Gustav, ¿ya puedo irme?

-No tan rápido, ¿no creerás que eres la única MMD en este edificio o sí? A veces las sesiones grupales son de mucha ayuda para algunos músicos, pueden expresar lo que sienten con respecto a la música, cuáles son sus aspiraciones en Stevanovna, en qué tipo de actividades les gustaría participar cuando hayan avanzado más en sus sesiones, ya verás que será divertido.

-Como digas Gustav – añadí con desgana. No sonaba para nada divertido, menos aún para mí, que siempre había sido una persona introvertida, siempre soñando despierta, guardando mis ideas para mí.

No me gustaba expresar en voz alta lo que sentía, no quería que nadie se burlara si me ponía nerviosa. De todos modos, no era asunto de los demás lo que yo quisiera hacer con mi vida, bueno, mi…segunda vida, por así decirlo. A pesar de mi resistencia a asistir a la siguiente sala, Gustav logró convencerme, al menos para que lo intentara una vez.

Me dirigí entonces a la segunda puerta, escuché unas voces animadas charlando del otro lado, y una melodía alegre tocada por un saxofón. Metí mi llave con forma de corchea y abrí. Un grupo totalmente extraño estaba ante mí. Según conté, eran ocho hombres y mujeres, cada uno con una vestimenta muy particular. Una mujer muy hermosa con un vestido dorado se dirigió hacia mí.

-¡Bienvenida Adalira! Te estábamos esperando. ¡Atención todos! Ella es Adalira, se unirá a nosotros de ahora en adelante en las sesiones de los MMD.

Me quedé helada ante tal recibimiento, estaba muy nerviosa. Un chico que estaba atrás del resto, con un saxofón en la mano dirigió su mirada hacia mí  y sonrió, luego noté que todos me observaban atentamente. Me ruboricé mucho. Me dirigí a mi asiento dentro del círculo, me sentía excesivamente torpe en ese momento, sin embargo, todos me observaban con miradas simpáticas, lo cual me animó un poco.

-Damos por iniciada la sesión de los Músicos Mentalmente Desorientados – dijo la mujer – mi nombre, para los que no me conocen, es Clara Schumann.


miércoles, 3 de julio de 2013

En proceso...

Hola a todos! Me encuentro escribiendo el capítulo 6 de Los Músicos de Stevanovna. No piensen que lo he olvidado. Probablemente lo publique el fin de semana de la semana que viene, que estaré más desocupada. Adalira por fin asistirá a una de las sesiones de los MMD o al menos eso parece. 

Ya nos estaremos escribiendo.