Nota de la autora:
Al fin pude terminar el capítulo, disculpen la tardanza, esta vez no agregué ninguna pieza, pero me gustaría que cuando terminen de leer el capítulo, piensen en la pieza que calzaría con este capítulo, algo así como su banda sonora y si gustan, pueden decírmela en un comentario. ¡Gracias!
Capítulo 6

Al día siguiente encontré una nota que alguien había deslizado bajo mi
puerta, un pequeño memorándum.
“Es día de que te integres a las actividades de los Músicos Mentalmente
Desorientados, te estaremos esperando a las 9:00 a.m. en la sala virtual,
puedes llegar preguntando en el lobby.”
¿Sala virtual? Sonaba como una película de ciencia ficción o algo parecido.
Me duché, me puse unos jeans y una blusa blanca con una llave de sol y una
llave de fa formando un corazón. Recogí mi pelo en una coleta y me dirigí hacia
el lobby. Bajé por el ascensor y me dirigí hacia la recepcionista, cuyo nombre
aún no conocía. Busqué algún gafete para identificarla pero no traía ninguno
consigo.
-Buenos días, disculpa, no sé tu nombre.
-Soy Margaret – agregó, mientras anotaba algunas fechas en una agenda llena
de notas y flechas por todos lados - ¿se te ofrece algo Adalira de la
habitación 177?
- Me ha llegado un memorándum, diciéndome que tenía que dirigirme a la
“Sala Virtual” para actividades de los Músicos Mentalmente Desorientados.
- Claro, aquí está tu pase – dijo, dándome un collar con una llavecita con
forma de corchea – úsala para entrar por la puerta de cristal que está en el
segundo piso, ve por el ascensor.
Me dirigí al ascensor y llegué al segundo piso. Nunca había entrado ahí
hasta el momento. Tampoco me había surgido mucha curiosidad puesto que no
entendía del todo cómo funcionaba ese ascensor sin botones, sólo te llevaba a
donde necesitaras llegar. Caminé por el pasillo, se oía un saxofón a lo lejos. A
la izquierda del ascensor, vi la puerta de cristal muy amplia con una hendidura
en forma de corchea a un costado, donde coloqué mi llave con sumo cuidado. Después
de un momento, escuché un “clic” y la puerta se abrió. Parecía un lugar tétrico
a decir verdad, pero me armé de valor y entré, siguiendo la melodía del
saxofón.
Observé a un tipo alto y grueso con una gabardina blanca. Cuando me vio me
dirigió una sonrisa amable y estrechó mi mano.
-Soy Gustav, bienvenida a la sesiones de los MMD, seré tu guía a través de
la primera sala, ¿quién eres pianista? – inquirió.
A estas alturas ya no me sorprendía que supieran qué instrumento tocaba,
solamente podía deducir que quienes lo notaban llevaban viviendo mucho tiempo
en Stevanovna.
- Soy Adalira, encantada. ¿De qué se tratan exactamente estas sesiones
Gustav?
- Un poco de todo, ya lo verás – añadió misteriosamente.
Me pidió que lo siguiera por un pasillo completamente blanco como su
gabardina y llegamos a una estancia con 5 puertas, me indicó que entrara a la
puerta roja, la primera de izquierda a derecha. Antes de que me fuera, me dijo
que era una sala a prueba de sonido, utilizada como un tratamiento anti estrés
para los músicos nuevos, puesto que muchas veces las emociones no se
transmitían correctamente al principio mediante la música y que era posible que
interpretaran versiones distorsionadas de las melodías, aunque no era el caso
de todos. Me dijo que entre los dos trabajaríamos poco a poco para ver de qué
forma podía enfocar mi talento en una forma constructiva para Stevanovna.
Entré por la puerta roja y la sala, que al principio tenía paredes blancas,
comenzó a cambiar. Las paredes que ahora parecían grandes pantallas cambiaban
de color y formaban fotos. Mi corazón se aceleró, por alguna razón tenía miedo
de ver cosas que no quería recordar. Sus paredes mostraron un día lluvioso, más
no había ningún sonido. Vi una sala de hospital vacía, un jardín de juegos, una
rueda de la fortuna en una feria. Todo estaba vacío. Cada imagen era provocada
por mi cerebro según entendí posteriormente a la sesión. Al parecer, la sala
muestra las cosas que te provocan estrés, mediante un link establecido con tu
“cerebro musical”, para que así tengas que enfrentarlas y liberar el estrés que
te producen. Claro que no pueden esperar que después de una sola sesión todo
esté bien contigo y que ya nada te produzca estrés, no es así, pero se busca
como mínimo que puedas tolerar las imágenes aunque te sigan generando
sentimientos incómodos.
Comencé a sentir un fuerte dolor de cabeza y sentí que me desvanecería,
como cuando iba a tocar mi piano por primera vez. Iba a empezar a gritar pero
cuando abrí mi boca para liberarlo, las paredes reflejaron esta vez una pequeña
colina con un árbol de unas frutas que no había visto nunca, eran pequeñas y
blancas. El cielo se tornó celeste y las nubes formaban hermosas figuras
conforme eran llevadas por el viento. Me tumbé entre el césped intranquila,
intentando relajarme, el día en la sala virtual pasó a ser noche. Un cielo
completamente estrellado se abrió ante mis ojos, noté unas estrellas en una constelación
muy peculiar, mi admiración crecía porque no eran estrellas normales. Las
observé con atención hasta que comenzaron a contar una historia en el
firmamento.
“Había una vez una pequeña niña que tenía pocos amigos. Vivía detrás de
donde se apagan las luces del ocaso. Donde el verde le gana al gris y los vecinos se conocen. Un lugar
verdaderamente encantador, aunque pequeño. Un día, la pequeña niña quiso saber
qué había más allá del ocaso. Sus padres siempre le habían dicho que había
pedacitos de sueños, pedacitos de cielo. Ella quería saber cómo era ese lugar
detrás de las montañas. Así que un día, cuando el sol salió, la niña decidió
que iría a explorar.
Alistó su mochila, la llenó de frutos blancos del árbol del pueblo y se dirigió
a su aventura con decisión. Comenzó a caminar y cuando estaba a punto de cruzar
el lugar donde nadie de su pueblo había llegado, volvió su mirada hacia atrás y
pensó “volveré pronto papá y mamá”.
Sin saber que jamás sucedería.
Cuando cruzó, su cuerpo comenzó a adquirir el color del cielo y a brillar, la
pequeña niña se quedó atónita, completamente fascinada. Pero vio que todo a su
alrededor era completamente negro, más negro que la noche, por algunos lugares
se veían algunas chispitas azules momentáneas, de repente, tuvo miedo. Comenzó
a escuchar voces, sus gritos hacía que no sonaran humanas. Comenzó a correr,
porque sintió que la estaban siguiendo. No veía nada, tropezó con un pequeño
objeto en el piso y cuando cayó se golpeó la cabeza con un objeto filoso que
estaba cerca, un líquido totalmente blanco comenzó a salir de su herida. Escuchó
las pisadas cada vez más cerca, un poco mareada logró levantarse, pero antes de
que lograra seguir corriendo, unas figuras negras sin rostro la tomaron
enseguida. La luz comenzó a desvanecerse en su piel, comenzaron a arrancar sus
pedazos poco a poco, comenzó a gritar, pedir ayuda, hasta que llegó el momento
donde ya no sentía dolor y la pequeña niña no era más que un recuerdo.
Pedacitos de sueños, pedacitos de cielo.”
Creo que me había dormido por algunos minutos, no mucho tiempo. Me desperté
completamente fría. ¿Aquello era lo que pensaba que era? Era una hermosa
metáfora, la forma menos fea de pintar las cosas. No lo sabía. Salí de la
habitación y Gustav me miró sorprendido.
- Adalira, ¿estás bien? Estás completamente blanca.
Me dio un poco de chocolate staccato. Intenté explicarle lo sucedido en la
sala roja pero me calló inmediatamente.
-No es necesario que digas nada, lo que pase en esa sala es personal. Te
muestra puntos débiles de tu memoria, a veces no son explicados explícitamente,
a veces son simplemente colores, fotografías, otras veces son pequeñas
películas donde te puedes ver a ti mismo en tu vida anterior. Todo depende de
qué tan bien esté tu memoria y claro, de cuánto quieres recordar.
- ¿Tengo que volver a entrar a ese lugar? – pregunté, asustada con la idea
de tener que cruzar esa horrible puerta roja de nuevo.
-Depende de tus avances con el resto de sesiones de los MMD. Normalmente,
no esperamos que estés como nueva en una sesión, pero tengo el presentimiento de
que lo harás muy bien Adalira – dijo, dirigiéndome una sonrisa tranquilizadora.
- Gracias Gustav, ¿ya puedo irme?
-No tan rápido, ¿no creerás que eres la única MMD en este edificio o sí? A
veces las sesiones grupales son de mucha ayuda para algunos músicos, pueden
expresar lo que sienten con respecto a la música, cuáles son sus aspiraciones
en Stevanovna, en qué tipo de actividades les gustaría participar cuando hayan
avanzado más en sus sesiones, ya verás que será divertido.
-Como digas Gustav – añadí con desgana. No sonaba para nada divertido,
menos aún para mí, que siempre había sido una persona introvertida, siempre
soñando despierta, guardando mis ideas para mí.
No me gustaba expresar en voz alta lo que sentía, no quería que nadie se
burlara si me ponía nerviosa. De todos modos, no era asunto de los demás lo que
yo quisiera hacer con mi vida, bueno, mi…segunda vida, por así decirlo. A pesar
de mi resistencia a asistir a la siguiente sala, Gustav logró convencerme, al
menos para que lo intentara una vez.
Me dirigí entonces a la segunda puerta, escuché unas voces animadas
charlando del otro lado, y una melodía alegre tocada por un saxofón. Metí mi
llave con forma de corchea y abrí. Un grupo totalmente extraño estaba ante mí.
Según conté, eran ocho hombres y mujeres, cada uno con una vestimenta muy
particular. Una mujer muy hermosa con un vestido dorado se dirigió hacia mí.
-¡Bienvenida Adalira! Te estábamos esperando. ¡Atención todos! Ella es
Adalira, se unirá a nosotros de ahora en adelante en las sesiones de los MMD.
Me quedé helada ante tal recibimiento, estaba muy nerviosa. Un chico que
estaba atrás del resto, con un saxofón en la mano dirigió su mirada hacia mí y sonrió, luego noté que todos me observaban atentamente.
Me ruboricé mucho. Me dirigí a mi asiento dentro del círculo, me sentía
excesivamente torpe en ese momento, sin embargo, todos me observaban con
miradas simpáticas, lo cual me animó un poco.
-Damos por iniciada la sesión de los Músicos Mentalmente Desorientados –
dijo la mujer – mi nombre, para los que no me conocen, es Clara Schumann.
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